Política

Lograr sustentabilidad permitirá a la Tierra seguir soportando la vida humana

La sola idea de que sustentabilidad es algo que mejora la calidad de vida humana dentro de la capacidad de resistencia de los ecosistemas que la soporta, transmite la idea que la sustentabilidad tiene límites cuantificables.

Pero sustentabilidad es también un llamado a la acción, una tarea en progreso o “viaje” y, por lo tanto, un proceso político, por eso algunas definiciones plantean metas comunes y valores.

La carta de la tierra habla de “una sociedad global sostenible fundada sobre el respeto a la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”. Esto sugiere una figura más compleja de sustentabilidad, la cual incluye la importancia del dominio de una “política”.

La sustentabilidad implica la toma de decisiones responsables y proactivas que minimicen el impacto negativo y mantengan el balance entre resistencia ecológica, prosperidad económica, justicia política y vitalidad cultural para asegurar un planeta deseable para todas las especies ahora y en el futuro.

Lo que no se mide no se puede gestionar

Así la sustentabilidad puede evaluarse como un “estado” o como un punto en el logro de metas de adaptación y mitigación del daño ambiental y humano que el desarrollo económico necesariamente provoca.

La necesidad de mejores datos y mediciones, estandarizadas, para guiar la toma de decisiones no puede ser más urgente.

Una efectiva política medioambiental debe trabajar, además, con dos grandes obstáculos, los cuales también pueden minimizarse con mejores indicadores.

El primero: Los debates de política medioambiental están sujetos a profundas divisiones sobre las mejores maneras de progresar en su solución.

El segundo: la substancial incertidumbre, rodeando la naturaleza de los problemas ambientales, hace difícil de justificar el emprendimiento de acciones significativas y el empleo de recursos.

Buenas mediciones ambientales pueden inyectar mayor objetividad en el debate de políticas ambientales, reduciendo desacuerdos sobre la amplitud de los problemas enfocándose en vez en las soluciones.

Mediciones robustas también dan a los que deben tomar decisiones un fundamento sobre el cual promover políticas medioambientales.

Cuando los gestores utilizan datos para reducir la incertidumbre pueden promover objetivos políticos con más que aproximaciones educadas o tincadas.

La tendencia de utilizar datos se está convirtiendo en algo común en la práctica de los negocios y del Gobierno. Grandes corporaciones recolectan información de los consumidores para mejor focalizar sus campañas de avisaje. Líderes gubernamentales como el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, basó decisiones de gestión en datos tan diversos como el número de ataques al corazón y reclamos por exceso de ruido.

El diseño de políticas de sustentabilidad ambiental agrega a sus dificultades intrínsecas, la confusión, cinismo y negación existente frente al fenómeno del cambio climático con el cual se encuentra irremisiblemente ligado.

Como señala Simon Kuper en su artículo de la edición del Financial Times, (1/8/15) “Es impresionante cuan poca gente en los países ricos se preocupa del cambio climático”.

La incertidumbre propia que caracteriza los fenómenos climáticos, los múltiples intereses que se sienten amenazados y/o impotentes y el fracaso de comunicar su gravedad y urgencia parecen devenir, básicamente, como señala Kuper, de un enfoque equivocado de “infierno- penitencia”.

“Si continuamos nuestras malvadas prácticas terminaremos en el infierno. La solución: sacrificio: deje las vacaciones, los vuelos, la economía capitalista, etc.

Definitivamente esta propuesta vende muy poco y hace muy difícil materializarla en acciones comprometidas, eficaces y gratificantes.

Por ello se propone una nueva alternativa:

  1. Ser absolutamente positivos: “Si podemos y sin gran dolor”. En vez de ofrecer infierno y penitencia debemos ofrecer “paraíso y oportunidad” , “gran reforma tributaria verde ” en vez de “impuesto al carbón”.
  2. No sonar liberal. Los conservadores creen que el cambio climático es un engaño. No es un problema de identidad. No hay una dicotomía conservadores/progresivos frente a un problema común.
  3. Predecir catástrofe para el 2100 no inspira a la acción hoy, probablemente hay gente que quiere dejar un mejor planeta a sus nietos pero la evidencia demuestra que no son muchos. ¿Cuando fue la última vez que Ud. tomó una decisión pensando en el próximo siglo?.

Probablemente un gran avance no se conseguirá en un gran foro internacional sino que será el resultado de incontables aportes locales, nacionales y decisiones corporativas, y esta es la línea del proyecto AMUSA, de su política comunicacional y educacional.

EMULAR es lo que pretendemos provocar, aprovechando, positivamente, el espíritu competitivo del ser humano.

*Nuestro primer proyecto educacional, desarrollado en conjunto con DUOC, Universidad Católica de Chile, está dirigido a los Alcaldes y concejales municipales, actores centrales que deben tomar decisiones y liderar. Tiene como objetivo comunicar muy someramente, pero con mucha fuerza, esta visión, haciendo particular hincapié en que el éxito, particularmente en la aplicación de políticas ambientales, deviene de un bien organizado sistema de medición que permita a los legisladores seguir sus resultados, identificar las necesidades prioritarias y crear mecanismos para asignar y mantener responsabilidades (accountability).

Existe un cúmulo de evidencia sin precedentes demostrando que cuando la gestión y la medición de sus metas se alinean, la comunidad puede progresar en el logro de sus objetivos de mejoramiento de la salud humana y del medio.

Por el contrario, cuando ellos se des-alinean – como es muy frecuentemente el caso – el progreso se detiene y las condiciones ambientales empeoran.